El autoconocimiento, la base del crecimiento emocional

¿Has visto nuestro contenido donde hablamos de la importancia de la inteligencia emocional y de las funciones de nuestras emociones básicas?

Hacemos un pequeño recordatorio:

¿Te has dado cuenta que las emociones son tuyas y su gestión son tu responsabilidad? ¿Has probado a no utilizar tus emociones para relacionarte con los demás y gestionar tu ira, tristeza o miedo antes de hacerlo? ¿Has visto cómo reacciona tu cuerpo cuando sientes alegría, rabia, tristeza, miedo o sorpresa, y sobre todo que información te estaba dando?

Pues esto es el principio básico de la inteligencia emocional y el crecimiento emocional: el autoconocimiento.

Bienestar emocional

Conocer nuestras emociones, su función, como se manifiestan en nosotros y que creencias las activan, es la piedra angular del crecimiento emocional que nos permite aprender a dirigir nuestras vidas y nuestras acciones, activando y gestionado las emociones más idóneas en cada caso.

Y claro, como seres humanos no tenemos solo las emociones básicas, sino que disponemos de muchas más emociones de vivencia que nos pueden aportar mayor bienestar: la calma, el agradecimiento, la compasión, la humildad, etc.

Pero para estas tenemos que enseñar a nuestro cerebro a utilizarlas y esta es la función del crecimiento emocional.

Educación emocional

Nuestro cerebro y nuestro cuerpo está diseñado para la supervivencia, y nuestras emociones básicas se activan cuando percibimos una señal de amenaza.

Evidentemente esto resulta muy útil en situaciones donde nuestra vida corre peligro: si nos encontramos delante de un león, no hace falta que pensemos en la velocidad que viene, calculemos el ángulo de ataque, o pensemos lo que vamos a hacer para cenar, sino que toca correr y salvar nuestras vidas.

Pero no son tan útiles cuando se activan las mismas emociones en quehaceres cotidianos como una ofensa de un compañero de trabajo, con nuestra pareja o nuestros hijos o situaciones que nos pueden suponer un reto como cuando tenemos que hablar en público o tomar una decisión importante.

Aprender a gestionarnos

Estas situaciones se convierten en oportunidades que nos brinda la vida para aprender a gestionarnos.

¿Y cómo lo conseguimos?

Pues, en primer lugar, tenemos que aprender a no ser reactivos, es decir, que nuestras emociones nos atrapen. Y esto lo conseguimos con el autoconocimiento y la aceptación:

  • Tomar consciente de lo que sentimos
  • Tomar conciencia de cómo se manifiesta en nuestro cuerpo
  • Aceptarlo: que consiste en no luchar contra ella y tampoco dejar que nos domine, ya que simplemente se trata de una emoción.
  • Una vez la hemos aceptado, podemos gestionarla de forma consciente: la emoción no nos obliga a actuar, sino que nos está facilitando una información para que podamos aprender de ella, así que podemos modificar nuestras creencias y pensamientos para poder transformarla en otra emoción que nos pueda ser más útil.

Este proceso se consigue con la practica: PARAR- SENTIR- ACEPTAR- GESTIONAR

Y una vez hemos aprendido a no tener una respuesta reactiva, podemos aprender a activar otras emociones que no son básicas, pero que nos ayudan a vivir con mayor bienestar y enseñar a nuestro cerebro no a vivir no solo desde la supervivencia, sino desde la vivencia y el bienestar:

Bienestar y emociones, ejemplos:

Te invito a hacer un ejercicio:

Recuerda la última vez que te sentiste en calma: un momento de tranquilidad, de sentirte a gusto, sentir tu cuerpo relajado, quizás fuera un día paseando, o sentado en el sofá de tu casa en silencio, o tomando un café durante los primeros rayos de sol.

¿Qué sentías en tu cuerpo: cómo estaban tus piernas, ¿Tus hombros, cómo sentías tu expresión facial?

Expande esta sensación en todo tu cuerpo, siente como la calma inunda todo tu cuerpo y haz tres respiraciones conscientes manteniéndote en la situación y haciéndola consciente.

Mantente en esta situación unos minutos o el tiempo que necesites.

Este mismo ejercicio podemos hacerlo con otras emociones como la compasión, la humildad o el agradecimiento.

¿Te animas a practicar?

¿Necesitas que alguien te acompañe en tu proceso de cambio?

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